domingo, 24 de enero de 2010

...

Disparame vos,
te apuñalo yo.
Que tus balas se incrusten en mis ojos,
que mi puñal se deslize sobre tu cuello.

Pero que no se derrame sangre,
ni una sola gota.
La sangre va a hervir,
pero de ningún modo va a fluir.

Todo el mundo va a pensar que nos odiamos,
que deseamos ver muerto al otro.
No hacen más que equivocarse,
simplemente nos gusta combatir.

Pero que las balas no sean balas,
sino risas.
Que los puñales no sean puñales,
sino caricias.

Y ya vas a ver,
que esta guerra...
La ganamos entre los dos.

1 comentario: