miércoles, 24 de noviembre de 2010
lunes, 15 de noviembre de 2010
Reina de lo onírico
Fue durante el verano, vacacionando en la costa atlántica. Recuerdo estar viajando en colectivo, apreciando a través de la ventanilla a mi izquierda el espectáculo que brindaba la lluvia al caer sobre el mar, eran alrededor de las ocho de la noche y al oscurecer empezaba a hacer un frío del demonio. Mi mejor amiga se encontraba un asiento detrás de mí, dibujando bocetos de rosas cual artista amateur inspirada que era, muy probablemente ignorando lo que estaba por venir, la magnitud y la importancia de la situación para mí.
Finalmente llegamos a la zona residencial en cuestión, bajamos del bólido y empezamos a caminar por la callecita de tierra. Ella se desplazaba junto a mí, sujetándose de mi brazo izquierdo mientras observaba las casas de estación en alquiler, tal vez fantaseando con alquilar alguna en un futuro lejano. A cada paso dado se me oprimía más el pecho, estaba totalmente consciente de mi futuro de matadero, cual prisionero a punto de ser sacrificado en altar público en pos de ofrendar la sangre a los dioses. Empecé a sentirme realmente enfermo, se me nubló la vista y tuve que parar a un costado del sendero para vomitar, por suerte mi amiga llevaba consigo pañuelos descartables para la ocasión, me los ofreció con gusto y luego ayudó a reincorporarme y seguir en camino. Realmente si no fuera por ella, no tendría sentido esta visita furtiva; muy pocas cosas tendrían sentido a decir verdad, no vale la pena engañarse a uno mismo.
A media hora de caminata no pudimos avanzar más, ya que la callecita de tierra se transformó en acantilado. La lluvia se tornó más potente y molesta, tiñéndose de un rojo oscuro al abrazarse con la superficie acuática, donde podían verse flotando miles de cadáveres de delfines, focas y peces varios de menor calibre. La furia de mil dioses se traducía en impactantes rayos eléctricos cargados sobre las embarcaciones pesqueras, fundiendo madera y vidas humanas también, dejando verdaderas bolas de fuego danzantes sobre la línea del horizonte.
Volví a vomitar. Esta vez no pude recupermarme tan fácilmente como la primera vez. Mi amiga volvió a ayudarme, esta vez se puso más seria ya que comprendió la gravedad de la situación, aún así sabía que no corría peligro, simplemente se limitó a reanimarme y susurrarme al oído: "Así estarías ahora mismo de no ser por mí".
martes, 9 de noviembre de 2010
Tengo que dejar la droga. Tengo que dejarla, droga. La droga me tiene que dejar. La droga me tiene, ¿qué dejar? ¿La droga me tiene? Mejor dejar lo que me hace mal a un lado. No entrar más, y si se entra, hacerlo protegido. Gases venenosos en el aire contaminan mis pulmones, riesgo de muerte a la orden del día.
Todo esto y más en el caudaloso pasaje llamado "vida", abróchense los cinturones que esto recién comienza.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Me quedé sin títulos, ¿algún alma caritativa que me preste uno?
Qué triste es verlas así de nuevo, caras de cookie. ¿De en verdad piensan que esos pasteleros las quieren? ¿de en serio? ¿realmente piensan que estos muchachos dedicados a la gastronomía, soportarían una larga relación con las más hostiles peleas sólo para despertar junto a ustedes, y arrancarles un chip de chocolate de la cara a besos?, lamento informarles que están equivocadas en demasía.
Lo único que buscan estos famosos maestros pasteleros es sacar provecho de ustedes, lisa y llanamente. Les interesa poco y nada su cantidad de carbohidratos o su tenor graso. El objetivo de los pasteleros es descargar crema Chantilly sobre su rostro para dejarlas a ustedes más sabrosas, y luego marcharse a otras praderas en busca de más caras de cookie como ustedes. Nunca más vuelven, ya que no se contentan con "enriquecer" a una sola cookie, sino que compiten para ver cuál es el pastelero con más cookies enriquecidas. Para ellos es una cuestión de vida o muerte competir por esto. Luego chillan del dolor cuando se dan cuenta que quedaron enriquecidas pero solas y tristes, ya que ningún pastelero se quedó con ustedes.
Esta realidad me da bronca, ya que hay muchos envases de plástico vacíos, como yo, sedientos por amparar caras de cookie dentro. La misión de los envases de plástico vacíos, es la de protejer caras de cookie para prevenir futuros abusos por parte de estos maestros pasteleros. Eso sí, de a una cookie a la vez, puesto que no somos objetos indecentes y puesto que lo único que buscamos es el verdadero bienestar de éstas últimas.
Queridas caritas de masita comestible, me harían realmente feliz si pudieran entender esto alguna vez, es por su propio bien.
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