Todo intento de escapar resultó en vano hoy mismo a la tarde, cuando el cianuro trepó mi terraza y se metió por la ventana en mi cuarto. Intenté resistirme pero mi cuerpo no fue diseñado para combatir, por lo que mi contrincante logró introducirse por mis pulmones con facilidad. La sensación es desagradable al máximo, se siente como fumar cien cigarrillos a la vez, y luego tomar un vaso de lavandina. El veneno te pone la piel amarillenta, te pudre en vida, te mata lentamente.
No más muchacho agradable, todas las verdades salen a flote y, con ellas, todos los problemas que conlleva la sinceridad extrema. Voy a ir por la vida cual zombie infectando a los peatones, y creando un ejército de amargados existenciales, nada ni nadie podrá detenernos ni ahora ni nunca ni jamás.
