martes, 19 de octubre de 2010

Pelado

Como pelado en bar, absorbiendo las últimas gotas que se resbalan por el vidrio del vaso de tequila. Pelado alcóholico, que bebe como si la angustia existencial se curara filtrando alcohol por su cuerpo. Así me siento, me apago, me extingo.
Los muebles cobrizos pasan al cepia, finalizando en negro. Blanco y negro. El apagado como contraste de lo vivo, de lo encendido, de lo que vale la pena. Los hombres de saco y corbata, entes fríos y reguladores que no tienen miedo de expulsar fuera de su círculo a quienes no comprenden las leyes del sistema y el mercado, como tal es mi caso.
Resbalo de mi asiento y caigo sobre la madera negra, la cirrosis me ha vencido finalmente. La clientela ni se inmutó; salvo por los hombres de saco y corbata, quienes comienzan su accionar. Los puedo ver claramente, con sus rostros duros e inexpresivos. Charlan sobre el futuro paradero de mi cadáver, mientras lo bambolean dentro de un cajón abierto.
Se hace tarde, y aunque ya estoy muerto, me canso de esperar. Nadie asiste al funeral salvo los hombres de traje y corbata, aunque se les hace tarde a ellos también. Finalmente deciden huir los muy hijos de puta, dejando al pobre pelado alcohólico muerto que resulta ser yo. Yo y nadie más que yo.
Maldigo el puto día en el que conocí al alcohol, maldigo a todas las grandes escorias humanas que me incitaron a iniciarme en el hábito, maldigo a la puta genética; que termina dejando calvo a un joven atractivo y melenudo como yo. Ojalá todos ardan en el infierno por dejar morir a este pobre pelado.

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