Siempre que logro cimentar con mis propias manos las bases cilíndricas que me elevan; aparece tu silueta desde la superficie, arrojando los famosos proyectiles hacia mis columnas. Tu malévolo plan es hacerme caer, derribando mis sostenes.
La idea de alcanzar el cielo y volver revitalizado como el ave fénix se viene gestando en mi cabeza hace un tiempo ya, más precisamente, desde que logré escapar del subsuelo y llegar al grado cero de la tierra. Se ve que no voy a poder completar el plan con éxito, ya que cada día que pasa, tambaleo más a causa del derrumbe de mis hermosos pilares. Maldigo el día en que un loco reprimido inventó el arco y la flecha.
Con precisión de francotirador, derribaste mi último apoyo y, con una sonrisa en tu rostro, ya me ves caer directo al pasto. Mi destino manifiesto dicta que me tengo que convertir en un desparramo de huesos y carne; almuerzo predilecto de las aves de carroña, pero tengo la ignota suerte de haberme comprado un par de alas de segunda mano, en el mercadito negro de la aldea. Las blancas plumas que salen desde el medio de mi columna cervical me facilitan planear en medio de la fría tarde de invierno, justo antes de tocar el suelo.
Me voy. Me voy flotando en el aire, encorvado y tambaleante pero vivo. Me voy, siguiendo el anaranjado horizonte. Me voy pero sin antes lanzarte un "fuck you!" en el medio de tu jeta.
Atónita, te quedaste sin flechas.
