El llamado recibido por la mañana lo dejó totalmente desconcertado (además de despertarlo), aunque no le dió demasiada importancia. Siguió su mañana con normalidad. Prendió la tele para ver TN y nutrirse de confiable información, desayunó con Zucaritas y jugó un poquito con las Barbies de su hija (sí, le gustan mucho las Barbies).
Salió de su departamento en busca de la parada el colectivo número 132, como todas las mañanas, para subirse al bólido y encaminarse a su trabajo: Oficina del Estado, como cualquier otra. Al subir al mismo, notó que los pasajeros lo miraban mal, DECIDIDAMENTE mal (el chofer incluído), pero tampoco le dió importancia, "seguro perdió Boca y todos están de mal humor por eso" se dijo a sí mismo.
Al bajarse del vehículo no le quedaron muchos minutos más de vida, un policía estilo sniper lo interceptó de un balazo ejecutado desde la ventana de un bar ubicado a metros de dónde se encontraba. El proyectil le incrustó en el fémur derecho, dejándolo sumergido en un dolor punzante y agudo.
Mientras se retorcía de dolor en medio de la calle, se inspeccionó todo el cuerpo y notó que llevaba puesto su pijama favorito, el de ositos. "¡Claro!", exclamó, al recordar que el Gobierno de la Ciudad decretó una semana atrás que estaba "terminantemente prohibido" el uso de pijamas en la vía pública y que "los infractores serán ejecutados sin miramientos". El Señor Tito murió en paz, al saber las circunstancias de su muerte...
JAJAJJA MENTIRA, ¡NO MURIÓ!
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Después posteo algo serio, ahora no me rompan las pelotas.

aquí podemos ver como el Gobierno de la Ciudad, poco a poco nos está sacando las libertades, creo que armaste un mensaje escondido sin darte cuenta =P
ResponderEliminarYOU
ARE
GENIAL!