¿Cómo se hace? ¿cómo se hace para que uno se pueda olvidar de tantas cosas, tantas palabras, tantos rayitos de agua tibia enviados a través de los ojos? ¿cómo se hace para borrar pasos, roces y poder despertar sin que esos momentos se le estrellen a uno contra la frente?
Ah, ya sé, no me digan nada...Uno va camino hacia la heladera para agarrar la manteca y, ¡zas! se resbala, se cae y se golpea la cabeza contra el mármol de la mesada, desparramando sesos e ideas por toda la cocina. Ah, ¿no es así la cosa? Bueno, entonces debe ser así; uno sale a caminar por la calle y se tira en medio de la avenida, esperando a que algún colectivo cargado de pasajeros le pase por encima de la cabeza, desparramando sesos e ideas por todo el pavimento. ¿Tampoco? vale, me rindo.
Parece ser que voy a tener que convivir con mi cabeza albergando esfumados momentos por un tiempo más, el necesario como para que el Alzheimer reduzca mi intelecto a una masa suave e insensible. Mientras tanto voy a dedicarme a preguntarme, ¿qué carajo estarás haciendo en este momento? Puedo imaginarte sacando fotos, montando alpacas y pinchándote con cactus de distintos tamaños y formas, pero, ¿quedará algo de tu tiempo de ocio y relax para pensar en tu vuelta triunfal hacia los pagos que adoptaste como propios? No pasa ni un día en el que no piense cómo será ese retorno. Muy a mi pesar, todo me hace creer que será incómodo como la mierda.
Las cosas ya no se dan como antes, los hilos elásticos que unían fueron cortados todos de un tirón por el hacha de lo injusto y de lo imprevisto. Lo que es peor de todo esto, no tengo plata encima y las mercerías están todas cerradas a esta hora, y siempre. Es en momentos como este, donde uno valora las cosas justo un instante después de perderlas.
Todo esto se debe a que el segundo lugar nunca te sentó bien. Siempre estuviste a centímetros de ganar la carrera, pero las perdías todas por culpa de tu antagonista, que quedaba siempre primero a base de esparcir pinches miguelito por la pista en las últimas vueltas. Yo, como estúpido amateur y aficionado de las carreras, preferí creerle a la estadística mentirosa. Cuántas cosas habré perdido por culpa de confiar más en tu contendiente, o mejor dicho, cuántas cosas voy a perder.

comete a joana y te olvidas de toque.
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