domingo, 1 de agosto de 2010

A la orilla de ambos bandos

-Señores, esto es la guerra.

De los quince soldados presentes, yo era el único no erguido y con cara de disgusto. El General nos ordenó reunirnos en la carpa principal del asentamiento, ya que nos iba a preparar psicológicamente para ir a "morir" a manos de otros soldados anónimos. El "mandamás" presente prosiguió con su discurso elitista:

-Ha llegado la hora de sacrificarnos por LA CAUSA, que en este caso se trata de nuestro ORGULLO CIBERNÉTICO. Nos hemos enterado recientemente que nuestro BANDO ENEMIGO nos ha estado defenestrando a través de la red, tratándonos de gente FALSA, gente CHUSMA y lo peor de todo, gente que NO DICE LAS COSAS EN LA CARA, ¡NO podemos tolerar semejante agravio!

Si bien tranquilamente podemos ir a discutir cara a cara estos insultos, o directamente ignorar los ataques verbales para no reducirnos a su nivel intelectual, vamos a optar por seguir la lucha virtual. Acusaremos al otro bando con exactamente los mismos argumentos que han sido utilizados contra nosotros, y lo haremos a través de la red, como han hecho ellos-.

Luego de la estúpida y vacía charla, se nos repartió un rifle, una granada y un cuchillo a cada uno. Ya listos para lanzarnos al campo de batalla, interrumpí el coraje implantado sobre mis compañeros espetándole las siguientes palabras a mi general, escribiendo mi epitafio sin saberlo:

-General, si me disculpa, me parece totalmente absurda y risible la idea de pelear contra soldados (también conocidos como personas) que han sido concebidos, criados y educados en igual condiciones que todos los presentes bajo el techo de esta carpa. Además, todas las municiones y armas que se nos han otorgado son virtuales, esto significa que sólo se podrá herir a gente ultra-sensible y estúpida que pueda resultar ofendida por ataques verbales y escritos a través de la internet. Realmente todo esto me parece una paparruchada olímpica y una total pérdida de tiempo, me retiro sin más-.

Luego de espetar mi acta de defunción, tiré mi rifle virtual al suelo y me hice paso entre mi pelotón para salir de aquel templo de lo absurdo y poder dedicarme a algo productivo que llene de vitalidad mi alma. Mis compañeros armados se mantuvieron erguidos y con cara de póquer, pero no pudieron evitar seguirme con la vista.

-Soldado, ¿DE QUÉ LADO ESTÁ USTED? –gritó el hombre al mando.

-De ninguno de los dos, estoy al servicio de las actividades que enriquezcan el intelecto y la bondad de las personas, no me interesan usted ni su estúpida causa.

-Está bien soldado, puede retirarse, pero se arrepentirá el resto de su eternidad en el infierno.

Dicho y hecho, me retiré desarmado y tranquilo, caminando por el frío pasto mañanero. Pensando en qué pudiera invertir mi tiempo el resto del día, se interrumpió mi vida al recibir un disparo realmente no virtual en mi nuca. Acto seguido, mi pelotón recogió mis restos y los tiró en el río más cercano, para luego ir corriendo a defender la “noble causa” que se les pudo implantar minutos antes. Ése fue mi problema, y lo fue siempre, nunca pudieron implantarme causas que vayan en contra de mi ética y mi moral.

No hay comentarios:

Publicar un comentario