Sólo hubiera deseado poder balancearme de tus cabellos por última vez, cual Tarzán balanceándose de las lianas de la selva hasta encontrarse con la fría y gris ciudad. Territorio conodido pero no querido.
Hora de añorar a vieja rutina, la que tanto desgastaba pero que de algún modo alegraba con punzante regocijo ¿Será la soledad que está apostada en la esquina, esperando a que pase para poder asaltarme?
Mi única seguridad es sentirme como Tarzán en medio de un veinticinco de Mayo atestado de gente.
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