martes, 22 de junio de 2010

Estado de éxtasis

Tan fácil como clavar un diminuto y alargado cilindro metálico en cualesquiera de nuestras tantas y remarcadas venas color vino, presionar y entonces el largo y placentero "mmmmhhhh" que proviene de nuestras cuerdas vocales en clara señal de felicidad.
El mundo se viene abajo, o al menos eso logramos percibir. Pero no nos importa en lo absoluto.
Miles y filosas notas musicales nos atraviesan el pecho como flechas troyanas, impidiéndonos respirar como un ser humano normal. Los colores ya se presentan en nuestra mente como destellos rojos y violetas que no dejan a nuestros globos oculares percibir la realidad. Nuestras fauces se inundan de bilis, siendo derramada por nuestro humilde ropaje.
Perdimos el control.
Todo parece perfecto, como en los finales de las telenovelas mexicanas, pero no es así. Todo tiene un final por más que nos guste pensar lo contrario.
Es este el mundo donde sus habitantes gustan de explotarse mutuamente con complejos sistemas de castigo-recompensa. Todo para mantenerse contentos con poco, todo para dejarse siempre con ganas de algo más. Algo mejor.
Las hermosas sensaciones inyectadas al plasma se esfuman. Ahora mismo volvemos a la oscuridad, de caemos y nada nos detiene. Nada.
Son estos los días donde uno corrobora el dicho popular "lo bueno dura poco".
El duro golpe que recibimos en la cabeza al caer en la superficie nos transporta a otra dimensión, totalmente desconocida e infeliz.
Actualmente nos encontramos en medio de la nada, la misma nada que muchas veces se cita erróneamente como "desierto". El Sol nos pega fastidiosamente en la cara mientras unos feroces leones nos deboran las extremidades, no hay más que hacer salvo sucumbir ante el dolor.

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