Tu pelo era el peaje obligatorio de mis manos hacia tus mejillas, con tanta fidelidad que podría reconocer cada mechón a ciegas. Tus labios eran mi juguete favorito. Tu respiración me era tan amena como un susurro al oído.
A pesar de la mala fama reinante en tu ser, supe enfrentar el "qué dirán" a base de cosechar dulces recuerdos vividos en algún rincón de tu morada o de mi barrio. A veces me gustaría volver el tiempo atrás para poder disfrutar de una estación de subterráneo más en tu compañía.
Ahora sólo me queda un portaretrato vacío de tu imagen, probablemente por falta de perseverancia mía para conseguir una inmortalización palpable de tu ser.
Ya todo es cuestión de darle tiempo al tiempo y cicatrización a las heridas. Ya es tiempo de disfrutar como cuando era niño.
Ahora sólo me queda un portaretrato vacío de tu imagen, probablemente por falta de perseverancia mía para conseguir una inmortalización palpable de tu ser.
Ya todo es cuestión de darle tiempo al tiempo y cicatrización a las heridas. Ya es tiempo de disfrutar como cuando era niño.

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